Entrevista al Dr. Gustavo Gonzales
Por Modesto Montoya 

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Gustavo Gonzales estudió en el externado del Colegio Santo Toribio. Terminó el 71. A los cinco años, gracias a películas de ciencia ficción y a la lectura, facilitada por su padre que tenía una librería, se interes ó en las ciencias. Estando en primaria, leía libros de quinto año de secundaria. Le gustaba realizar los experimentos que proponían los libros. Ingresó al Programa de Ciencias de la Universidad , donde estudió biología. El 76 terminó, el 77 se tituló, en febrero del 78 termino la maestría en fisiología. Luego, por consejos de su profesor, no salió al extranjero antes de hacer la carrera de medicina, en San Marcos, que la culminó el 85 y se titulo el 86. Al mismo tiempo hizo el doctorado en ciencias en Cayetano Heredia.

En Australia hizo un posdoctorado entre el 87 y 88 en el área de reproducción masculina. Regreso el 88 y 89 y lo eligen director del Instituto de Investigaciones de Altura, cargo que estuvo hasta el 2005, año en que fue elegido decano de la Facultad de Ciencias y Filosofía. Mientras tanto, en el 99, hizo su doctorado en medicina. Un científico apasionado por el estudio y la investigación. Como decano quiere que la ciencia tenga también un impacto en la sociedad.

Doctor Gonzales, esta entrevista está destinada a incentivar a los jóvenes para seguir las carreras de ciencias…

Es una excelente iniciativa promover la investigación en la juventud. Antes, la investigación se hacía sólo a nivel de posgrado. Hace unos cinco años nosotros estamos incorporando alumnos de pregrado en los laboratorios de investigación.

¿Cómo es que se inició en el tema de reproducción?

En el 77 me impactaron los cursos de endocrinología de los profesores Juan Coyotupa y Róger Guerra García, especialistas en reproducción, por lo que escogí para mi carrera ese campo.

Usted ha estudiado el efecto de los productos naturales en la reproducción…

En animales y hombres. Hemos estudiado la vizcacha, una especie nativa de la familia de la chinchiya y el cobayo. Y hemos estudiado la maca, una planta altoandina que crece a 4000 metros en el centro del Perú, siendo hasta ahora imposible replicarlo con sus propiedades en otro lado del mundo.

Su tesis de maestría fue sobre …

Mi tesis de maestría estuvo relacionada con los niveles de hormona de crecimiento de glucosa, ácido graso no esterificado y serotonina en los nativos de altura. Demostramos que con la altura aumenta la serotonina y disminuye la glicemia. Había una relación entre la hormona de crecimiento, la glicemia y los ácidos grasos no esterificados. Demostramos que, en Huancayo, con la edad disminuía la hormona de crecimiento. Hemos demostrado que hay un ciclo vital que se llama somatopausia que es la disminución de la hormona del crecimiento, asociada por muchos científicos con el envejecimiento. Por eso es que algunos recomiendan hormona de crecimiento para rejuvenecer. Nuestro descubrimiento hizo pensar que en altura el envejecimiento es más temprano.

Más tarde lo demostramos cuando medimos los niveles de adrenales, en el proceso llamado adrenopausia, en la que disminuye dramáticamente los andrógenes de la corteza adrenal, lo que parece estar asociado con el envejecimiento.

¿Y sus tesis de doctorado…?

Para mi tesis de doctorado estudiamos el rol de la vesícula seminal sobre la infertilidad masculina. Demostramos que esa vesícula produce el 60% del líquido seminal. Tema que había sido un poco abandonada por la mayoría de científicos. Sobre este tema hemos publicado mucho, incluso tenemos reviews sobre el tema.

Entonces estudian el aspecto reproductivo desde varios ángulos…

Fisiológicamente, anatómicamente, químicamente y hormonalmente.

¿Qué pasa con la próstata en esta historia?

A partir de los 50 años, el 50% sufre de hiperplasia de la próstata, produciendo una obstrucción de las vías urinarias, afectando la calidad de vida de los hombres.

¿Qué tratamiento hay para eso?

Lo que se ha venido haciendo es la cirugía, pero tiene efectos colaterales, como la eyaculación retrógrada, y además vuelve a crecer. Eso ha motivado la búsqueda de medicamentos. El más conocido es el finasteride, el que inhibe la conversión de los andrógenos a las sustancias más activas, facilitando que la próstata se reduzca y disminuyan los síntomas. Sin embargo, al bloquear los andrógenos, bloquea el deseo sexual, produce impotencia, es decir efectos colaterales que disminuyen la calidad de vida.

Pero dicen que el deseo sexual está en el cerebro

Así es. Los gametos no tienen nada que ver con el deseo. Uno puede tener deseo sin cópula. Pero para la reproducción es necesario el deseo y el orgasmo es una recompensa a la cópula.

Qué pasa con la menopausia, respecto al deseo, ¿baja?

Como baja el estradiol, la relación testosterona/estradiol sale alta, lo que eleva el deseo. Pero si baja la testosterona, hay tendencia a la disminución del deseo sexual. La testosterona es la que produce deseo sexual tanto en el hombre como en la mujer. Otra cosa es que pueda…

Volviendo a la próstata …

En el mundo hay una serie de investigaciones sobre productos naturales para disminuir el tamaño de la próstata. Nosotros hemos descubierto que una variedad de la maca, la maca roja, reduce el tamaño de la próstata en las ratas en las que se ha hecho hiperplasia de próstata, sin afectar las vesículas seminales. En cambio, si le doy finasteride, le reduce la próstata y también las vesículas seminales.

De ser aplicable en hombres, cambiaría la vida de mucha gente.

Sobre todo los del centro del Perú.

Deberían hacer un estudio estadístico…

Es un estudio antropológico, para ver si las comunidades que consumen maca roja tienen menos problemas de hiperplasia.

¿Y qué esperan?

El problema es financiamiento. Estamos luchando para hacer estudios clínicos con maca roja. Tenemos el proyecto que hemos trabajado con el doctor Luis Zegarra, Jefe del Servicio de Urología del Hospital Cayetano Heredia, con fondos del CONCYTEC, pero es insuficiente para hacer el estudio completo. Hemos tocado otras partes, pero no es tan fácil.

¿Cómo va el trabajo?

Estamos estandarizando la maca para luego hacer un proceso más elaborado, en sachet. Se trata de contar con marcadores para saber qué lleva cada sachet. Luego se debe probar las propiedades biológicas de cada lote. En el centro, la gente consume entre 50 y 60 gramos de maca. En la farmacia consigue 500 mg, pero no se sabe su contenido. Por otro lado, la maca previamente debe ser hervida, lo que la gente de la vida moderna se le hace difícil.

Un tema tan importante…

Así es, tanto para los pacientes, como para los productores y miembros de la cadena productiva correspondiente. Pero los laboratorios nacionales no tienen recursos para esto.

Pero ustedes tienen financiamiento extranjero…

Tenemos varios programas. El programa de ciencias ambientales, donde está incluido enfermedades de altura, con la Universidad de Emori, a través del Instituto de Salud de Estados Unidos. Es un programa de cinco años que acaba de culminar y se está aplicando para un quinquenio más. El programa es por unos 400 mil dólares.

Está el programa de plantas medicinales, con Corea. El líder es el doctor Manuel Sandoval, del IIAP. La Universidad Cayetano Heredia participa para los estudios biológicos. También participa la Universidad de la Amazonía , la Universidad de la Selva en Tingo María, Essalud y San Marcos. El programa es por 900 mil dólares para tres años y puede ampliarse hasta diez años.

También tenemos un programa con el Instituto de Plantas Medicinales, que ha tenido la gentileza de nombrarme profesor visitante. Hay un memorando de entendimiento, entre el Instituto, la Universidad y el CONCYTEC. El CONCYTEC paga los pasajes de los estudiantes que viajen a China. Esto permitirá que dos o tres estudiantes viajen a China para realizar investigaciones. Actualmente hay dos estudiantes investigando sobre la maca.

Anteriormente, por quince años hemos tenido apoyo de la OMS , por alrededor de un millón de dólares. Eso ha permitido equipar los laboratorios y mi propio entrenamiento en Australia. Eso ha permitido entrenar en el exterior, incluso con grados, a una docena de profesionales.

¿Cómo está compuesto el equipo humano?

Como doctores, Róger Guerra-García, Carlos Carrillo, y yo. Como maestros están Arturo Villena y estudiantes de doctorado, un estudiante de maestría y alumnos de pregrado.

Estos proyectos internacionales permiten remuneraciones para algunos miembros…

Efectivamente, con Emori hemos apoyado hasta dos becas de maestría en la UPCH , han ido dos personas para hacer maestría en Cuernavaca y se ha enviado unas 20 personas para cursos de verano en Cuernavaca, y cerca de una docena para asistencia a congresos.

 

¿Hay estudiantes extranjeros en el laboratorio?

Estuvo una venezolana para estudiar cultivos de células germinales. Hay cierto interés de personas para venir.

Hace unos treinta años la reproducción era tabú, ¿encontraron dificultades?

Probablemente mis profesores, en la época militar, en la que estaba prohibida la planificación, conducta sexual. Yo no he tenido problemas.

Los investigadores se apasionan con su trabajo…

Uno pierde el sentido del tiempo, no tiene hora de entrada, no hay fines de semanas, pero cuando encuentra un resultado se tiene una gran satisfacción. Cuando era más joven, yo trabajaba de lunes a domingo. Me acuerdo que una vez estaba trabajando con catecina de orina de gato y de repente vi la hora y era las tres de la mañana. Eso pasa algunas veces.

¿Cuál ha sido el momento más satisfactorio de tu carrera?

Creo que el momento más satisfactorio fue cuando publiqué mi primer artículo, en el life science. Tengo recuerdos porque fue en Inglés y yo, aparte del colegio, no había estudiado Inglés. El tema era sobre nivel de serotonina en diferentes condiciones fisiológicas. Y me acuerdo porque, cuando salió publicado, mi profesor me dijo “pero usted se ha puesto solo, y eso lo haz hecho en el laboratorio, alguien te ha dado el material”. Luego tenía que pagar para la publicación. El profesor dijo “yo lo pago”, sin figurar. Era el profesore Juan Coyotupa, quien tenía a cargo el laboratorio de esteroides. Desde entonces siempre he compartido con los colegas, incluso al que te dio la idea. Ese fue el momento más resaltante, porque me dio la seguridad que sí podía. Muchos científicos tienen el san benito de que no les van a publicar.

Antes de salir al extranjero, tú ya habías publicado…

Una buena cantidad.

¿Cual fue tu primer congreso internacional?

Fue el de endocrinología en Quito, el 79, pero fue en español. Mi primera conferencia en Inglés fue cuando estaba en Australia, el 87. En Australia he publicado como ocho artículos.

¿En ciencia hay confrontaciones personales, usted ha tenido experiencia en esto?

Lo que pasa es que los científicos manejamos verdades relativas, que tienen que ver con la tecnología y las capacidades analíticas que hay en el momento.

Un ejemplo. Nosotros desarrollamos un método para medir serotonina en sangre. Lo aplicamos en semen, y medía. Pero con técnicas modernas vimos que no era serotonina. Otra, en los testículos hay unas células llamadas macrófagos. Unos investigadores decían que esos macrófagos tenían receptores para una hormona. Era un dogma. Pero con mayor tecnología se descubre que era artefacto.

En Australia me ha pasado que no creían en algunas hipótesis mías, pero luego de insistir me permitieron hacer experimentos, lo que permitió demostrar la validez de esas hipótesis, en las que los australianos estaban convencidos que eran no válidas.

Eso le generó respeto en Australia…

Efectivamente, incluso me han incluido en un libro de la especialidad.

Tanto trabajo, ¿cómo le va en la familia?

Yo me casé el 83, mi esposa ha trabajado en auditoría y consultoría, en la empresa Arthur Andersen, sociedad peruana.

Eso significa que usted no se limita al laboratorio.

No me circunscribo al laboratorio. Soy miembro del Club El Bosque. Me gustaba el karaoke. Antes había uno en el Lung Fung.

A mi esposa la conocí en una actividad social.

Hijos…

Tengo tres hijas, una es Carla, bióloga, profesora de la Universidad ; la segunda es Cinthia que está acabando biología; y la tercera es Wendy, que está acabando en el colegio Abraham Lincoln.

Usted conversa de ciencias con sus hijas…

En la relación padre-hijo no siempre hablamos de la carrera, paseamos mucho.

Cuáles son sus planes para el futuro.

Consolidar el resultado de las investigaciones, para que lleguen al plano de la acción, para que haya beneficio de la población. Eso es importante para lograr una buena percepción de los que toman las decisiones.

Aunque uno haga cosas básicas, uno tiene que saber hacia donde vamos.

Luego tenemos que dinamizar el laboratorio, para que haya continuidad en el tiempo.

Usted ha hecho carrera de gestión, es algo político…

En apariencia. Yo empecé como Jefe del Laboratorio de Endocrinología, porque los jefes querían renovar la jefatura, fue una coincidencia. Cuando regresé de Australia, el director de del Instituto de Altura era el doctor Guerra García, quien era elegido rector. Entonces el doctor Monge me propone como director del Instituto. He sido reelecto seis veces, cada tres años. En esta oportunidad, sí postulé como candidato al decanato.

¿Cuáles eran sus propuestas?

Queremos desarrollar una facultad que tenga como fundamento la investigación científica. Luego se desarrollará áreas donde tenemos potencial, como la biología de conservación, la genómica y el área de la informática. Por eso hemos luchado bastante para tener un programa de retorno de jóvenes científicos del extranjero. Está Armando Valdez en biología de la conservación; en genómica tenemos a Gisella Orjeda, Daniel Clark y Luis Destéfano; en informática vienen Jesús Castañeto y José Segovia. Ellos serán apoyados con remuneraciones más altas que las normales, por dos años, para que puedan desarrollar proyectos autosostenidos. Luego de dos años, la Facultad asumirá sus remuneraciones.

Lima, abril 2006

©Encuentro Científico Internacional