¿Sólo restos arqueológicos o también libros?
Mi padre me tradujo el libro de Ernst Wilhem Middendorf sobre Chavín de Huantar. Cada cumpleaños me regalaba libros de Historia. El me compró la colección de Garcilaso de la Vega. La Historia de América. Varias colecciones. Yo me he leído todos los premios Nobel de Literatura. El nos reunía con mis primos, y nos premiaba con plata a los que contestaban sus preguntas. Así, a los 9 años, yo sabía bastante sobre literatura.
En un tiempo trabajaste en Bagua. ¿Cómo interpretas lo que ha pasado, en cuanto a las protestas y la violencia?
Cuando nosotros deseábamos trabajar en los restos arqueológicos de Bagua y no se encontraba el Apu de la región, no lo podíamos hacer. Teníamos que esperarlo para que el decidiera darnos el permiso. Sus valores culturales son diferentes a los de otros lugares del Perú. Y lo que menos soportan es que se ingrese a sus asuntos inconsultamente.
¿Eso te enseñó para tu relación con la gente de Caral?
Efectivamente. En Caral, los pobladores actuales participan en la valoración de Caral. Nosotros hemos trabajado de tal modo que ellos sientan que Caral es suyo, parte de ellos, de su historia, y por el que deben sentirse orgullosos. El Perú debe integrarse en torno a la idea de una civilización originaria, la que ahora se descubre estaba a la altura de las civilizaciones más prestigiosas del planeta, simultáneamente con Mesopotamia, Egipto, India y China.
¿Crees como algunos que los que llegaron al Perú conforman una etnia selecta por la creatividad que debió sobrevivir en el trayecto desde África?
Estoy convencida de ello, y la creatividad se verifica en sus obras, las que surgieron en la soledad cultural, en el sentido que tiene todo pionero, de avanzada en su trayecto. La única forma para sobrevivir en un territorio como este es con creatividad. Los que no eran creativos se quedaron. Yo he leído sobre Mesopotamia y Egipto. Acá fueron diferentes pero exitosos. Caral es un punto de reflexión para los peruanos. Porqué habiendo sido tan creativos no hay brillo ahora.
¿Por la alimentación?
¿A dónde va la anchoveta?
La arqueología es una tarea de campo. ¿No te ha traído dificultades en tus relaciones familiares, por ejemplo con tu pareja?
Era casado con un arqueólogo, pero mi dedicación a la arqueología, con la pasión que yo tenía no fue comprendida. Había la impresión que no me dedicaba lo suficiente a la familia. Me divorcié.
¿Y a tus hijos, les transmitiste esa vocación, como hizo tu padre contigo?
Ahí hay un problema. Te explico. Cuando yo tenía 9 años, yo escribía fantasías sobre ciudades. Pero yo tenía a mi padre y mi madre a mi lado. Este no ha sido el caso de mis hijos. La arqueología exige mucho. Yo los llevaba a los sitios arqueológicos, mientras eran niños. Pero cuando fueron grandes escogieron caminos diferentes. Por ejemplo, cuando David fue al Louvre, le pregunté qué le interesó más. El me respondió que toda su vida vieron arqueología ¿qué crees que voy a ver acá? El es economista. El otro, Herminio, es economista, y es asesor del viceministro de transporte.
¿Porqué escogiste el Franco Peruano para sus estudios?
Porque es un colegio que motiva a la reflexión, no impone.
¿El padre es arqueólogo, cómo es que te separaste, acaso había competencia?
El sentía eso. Yo llegaba a casa a leer. Él decía, otra vez leyendo, y los niños por su cuenta. Me separé. Luego estuve con Alfredo Torero, casi 15 años. Bueno, él murio.
Ahora ¿está sola?
Sólo Caral.
¿Pura ciencia?
Pura ciencia, y es lo que a mí me llena.
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