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Entrevista al doctor Eduardo Gotuzzo | |||
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El científico que rompió el mito “para triunfar en el Perú hay que tener un doctorado en el extranjero”. Eduardo Gotuzzo se formó enteramente en el Perú y ha hecho una gran carrera de investigador de nivel mundial en el tema de enfermedades tropicales. Desde estudiante fue soñador pero se preocupó por resolver problemas de salud del país. Ha sido reconocido con cargos nacionales e internacionales de primer orden, y ha obtenido innumerables premios. Ha hecho escuela y los expertos del mundo en su disciplina vienen a |
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Lima para aprender de él. Dirige varios proyectos con apoyo internacional que permite investigar a decenas de jóvenes estudiantes. Siempre activo, se da tiempo para su familia y sus amigos. Eduardo Gotuzzo es el cuarto de cinco hermanos. Nació el 47 en
Ica donde creció. Su padre era una familia
acomodada pero que terminó como empleado del Palacio de Justica, y murió joven por su hábito de fumar, cuando
Eduardo tenía 19 años, ya en la Universidad. Su madre Delia, ama de casa,
una mujer con inteligencia superior. Se educó en un colegio católico (San
Vicente de Paúl), aunque a los 13 años tuvo muchas dudas. Siendo primero
de su clase, el año después del Colegio ingresó a la Universidad Peruana
Cayetano Heredia. Por decisión propia se quedó y se formó enteramente en
el Perú. Hoy es un científico mundialmente conocido y uno de los que más
publicaciones científicas ha tenido entre el 2000
y febrero del 2006. Veamos cómo llegó a romper el mito que para triunfar
primero hay que salir al
extranjero. Entrevista del 06 de junio 2009 Las enfermedades infecciosas has dicho que constituyen un alto porcentaje de muertes
Debo confesar que perdí el primer año, debido a que no estaba preparado para los cursos de física y matemáticas de la Cayetano , que eran enseñados por profesores de la UNI. Y llevábamos 60 créditos en un año. Y eso que a mí me gustaban mucho las matemáticas. Antes de aprender a leer yo sabía sumar. El segundo año remonté el problema y me encontraba entre los primeros alumnos. Luego entro en mi carrera. En esa época muere mi padre.
¿Y cómo sostenías tus estudios? La Universidad me exoneró un año y me consiguió un lugar en la farmacia y en el archivo en Hospital, en la que trabajaba cada tercera noche, con otros colegas distinguidos: Hermino Hernández, que era el número uno de Leoncio Prado, y llegó a ser director del hospital, y Manolo Quimper, que llegó a ser viceministro de Salud.
¿Cómo entraste al mundo de la investigación? Tempranamente me involucré con Amador Carcelén, César Torres y el Dr. León Barúa. Ellos son gran parte del modelo del que yo aprendí. León Barúa siempre promovía que la gente hiciera investigación. Mi primera investigación fue con el Dr. “Choclo” Monje y el Dr. León Barúa, cuando era alumno del cuarto de medicina. ¿En qué consistió tu tesis? Fue sobre brucelosis, y la publiqué temprano y, con el Dr. Sixto Recavarren, gané el premio Russell de Laboratorios Russell, un premio muy reconocido. ¿Contabas con laboratorios? A decir verdad mis estudios eran más bien artesanales. ¿Por qué no partiste al extranjero? En esos tiempos, muchos médicos partían al extranjero, a los que les decíamos los “foreing boys”. Yo peleaba para hacer una buena formación en el Perú y luego tal vez partir. Yo aprobaba los exámenes para partir al extranjero pero me quedé por decisión propia. Fue un grupo de gente el que se quedó, estaba Diego González, Raúl Patrucco, José Luis Calderón, entre otros. Se fortaleció el programa de residentado y, en este tiempo, yo hacía también investigación. ¿En qué campos trabajaron? En hipertensión, y con César Torres en nefrología. Esas áreas nos abrieron campo. Pero lo que más me interesó fueron las enfermedades infecciosas. Siendo residente investigué fiebre tifoidea y brucelosis. ¿Con quienes trabajaba, entonces? Cuando era jefe de residentes, el Dr. Monje me convenció para apoyar en enfermedades infecciosas. En ese tiempo, el Dr. Lumbreras estaba con los doctores Humberto Alvarez, Humberto Guerra y Angélica Terashima. Entonces me fui quedando, el 76, 77. Empecé a investigar de manera artesanal. El doctor Víctor Baracco, distinguido cirujano, trabajaba con unas tarjetas donde anotaba todo lo que pasaba, paciente por paciente. Seguí su ejemplo, cada paciente de tifoidea o brucelosis, yo anotaba. De ahí empecé a publicar cosas. ¿Cuál fue su primera publicación? La primera fue sobre mi tesis. Salió el 74 y la publicamos el 75, sobre lesiones hepáticas, con microscopía electrónica, en pacientes con brucelosis. De ahí comienzo a hacer varias cosas con fiebre tifoidea. Durante la residencia ayudé al Dr. Cárdenas y con el doctor Torres publicamos sobre hipertensión. Empecé a trabajar en hipertensión. De modo que mis primeras publicaciones tuvieron que ver con hígado y luego estudios de hipertensión. Luego… Luego, de nuevo en brucelosis. En el 77 empecé a publicar sobre casos clínicos de fiebre tifoidea. A partir de ello empezamos a trabajar en diagnóstico y el pronóstico. En el 78 hubo una reunión sobre tifoidea. Ahí conté que se estaba germinando una epidemia. Les mostré mis datos. El 79 apareció la epidemia en Lima, con una cepa que después se vuelve resistente. El año 80 fue una catástrofe. En el año 80 murió mucha gente por una cepa que habíamos señalado. Sobre tifoidea hice numerosas publicaciones. Estas publicaciones fueron en el Perú… Si, pero luego publicamos sobre brucelosis. Precisamente sobre este trabajo se nos reconoció al comienzo. Empezamos a publicar en el Review of Infection Diseases y otras revistas. Nuestras publicaciones eran entonces sobre tifoidea y brucelosis. ¿El reconocimiento internacional se reflejó en algo concreto? Ciertamente, comenzamos a recibir apoyo internacional. Mike Levine con Bob Black, expertos en desarrollo de vacunas. Al principio fui socio menor de Black, teníamos subcontratos para trabajar sobre fiebre tifoidea, y lo hicimos con Luis Benavente y Jorge Guerra. Tuvimos plata para construir el segundo piso y comprar equipos. Eran momentos diferentes. El apoyo venía del NIH. Cabe señalar que ya teníamos equipos, gestionados por Humberto Guerra Allison ante el TDR (Tropical Deseases Research). Fue una gran visión de Humberto. Mis estudios iniciales fueron más clínicos que epidemiológicos. Pero me di cuenta que había que tener aliados en los laboratorios. Hicimos estudios de diagnóstico a muy bajo costo. Luis Benavente hizo lo de las cápsulas. Hicimos lo del mielocultivo con el Dr. Carlos Carrillo Parodi. Eran proyectos importantes a muy bajo costo, como lo hacía Lumbreras. ¿Hubo cooperación con otros grupos? Comenzamos por esos tiempos. Con los hematólogos estudiamos los transtornos de brucelosis. Ellos consiguen fondos. Después con Chela Alarcón empezamos a estudiar los problemas reumatológicos de brucelosis y con Lucho Espinoza en Estados Unidos. Hicimos una alianza estratégica para obtener tecnología, traer equipos, y otras ventajas de la cooperación. Y así crecimos, básicamente en fiebre tifoidea, brucelosis, enfermedades diarreicas. Allí comienza el apoyo para los estudios clínicos, a partir del año 87, 88, para el uso de antibióticos. ¿Y cómo empiezan ustedes en el estudio del sida? Para ese momento ya estábamos bastante implicados en el tema del sida, con Raúl Patrucco, quien trabajaba en inmunología. Con el hicimos una alianza estratégica hasta el 87, año en el que él murió. Conseguimos apoyo de muchos sitios. El sida, por lo dramático que era, tenía un gran potencial para la investigación. No había tratamiento, no había prevención, había mucha marginalidad porque la mayoría eran trabajadores sexuales, homosexuales. Había discriminación. El tema era preocupante. Desde el 82 nos encontramos con Raúl Patrucco, con Miguel Campos Castro y Jorge Guerra para hacer un grupo de trabajo del sida. El año siguiente aparece el primer caso. Raúl Patrruco era el responsable y Ciro Maguiña el residente en el caso. Ustedes tienen un banco de sangre… Ahí empezamos a trabajar el tema de bancos de sangre. Pedimos al Gobierno que se hiciera pruebas de ELISA para los bancos de sangre. El sida seguía siendo un tema de necesidad, haciendo consultas, visitas, interconsultas de casos de sida. Mi trabajo médico ha sido el motor de lo que he realizado en el tiempo. En ese tiempo el sida se convirtió en un tema dramático y un reto serio para el país. Siendo un tema mundial, supongo recibieron apoyo… Pero nunca muy grande, cada proyecto nos permitía construir poco a poco. Nuestro crecimiento ha sido en función de la demanda. Un aliado estratégico, por ejemplo, fue NANRID, un laboratorio muy grande de la marina de Estados Unidos. Ellos hacían las pruebas de nuestras muestras y nosotros analizábamos los datos. Por ejemplo, para los bancos de sangre nos hicieron 90 000 pruebas, lo que permitió que el Perú fuera uno de los primeros países en los que sus bancos de sangre contaran con pruebas de ELISA. Por eso la tasa de sida transfusional es muy pequeña. ¿Tienes un caso de una enfermedad de interés local, peruano? Interesante es la historia de César Cabezas, un médico residente nuestro de Huanta, sanmarquino, que le preocupaba la hepatitis que había hecho innumerables víctimas en su tierra. Se interesó en infectología, hizo un buen residentado e hicimos un proyecto, primero para Abancay y después en Ayacucho. Fuimos entrevistados por Radio Programas del Perú, por Miguel Humberto Aguirre, para hacer tomar conciencia de la necesidad de la vacuna contra la hepatitis. Ese proyecto ganó el premio Hipólito Unanue, y dio lugar a un líder en la materia, sobre la que nos representó en los congresos internacionales. Este proyecto recibió apoyo de la OPS y demostró que la gente es sensible al tema y está presta a vacunar a sus hijos ante la eminencia del riesgo, lo que contrasta con la reticencia de los médicos, por ejemplo, que no se vacunan porque no percibe el riesgo. Además, la gente aprovecha el momento para vacunarse también para la polio y la tuberculosis. Todo eso está documentado. El efecto es que contribuimos a que la vacuna contra la Hepatitis B sea de uso racional en niños del Perú. ¿Qué otro tema estás investigando? Un virus similar al sida, llamado el HTLV-1, que parece estar hace más de cuatrocientos años, produce leucemia y linfoma, produce inmunodeficiencia. No es peruano, viene de Africa y Japón, pero en el Perú ha encontrado un campo. Es una epidemia escondida con un enorme impacto médico. Gracias a nuestras investigaciones el Perú es el segundo país que hace despistaje en bancos de sangre, previniendo esta infección en la población peruana. ¿De donde viene la colaboración para estas investigaciones? Durante los últimos años ya tenemos colaboración importante. Por ejemplo, Bélgica, a través del Instituto de Medicina Tropical de Amberes, apoya a nuestro instituto. Hay un programa de cinco años, y ya estamos en el segundo ciclo de un programa de cinco. La mitad de los recursos se usa para entrenar peruanos (maestros y doctores) en Bélgica, lo que resulta bastante interesante. También viene la colaboración de Estados Unidos via NIH/Fogarty, etc. con varias universidades (San Diego, Galveston, Texas, Baylor, entre otras) y de Canadá (MCGill en Montreal), etc. ¿Cuéntame lo del Curso Gorgas ? Es el segundo gran suceso de mi vida profesional. Los Cursos Gorgas los organizamos con la Universidad de Alabama. Es un curso que se le conoce como el mejor en enfermedades tropicales, vienen médicos expertos del mundo desarrollado, a entrenarse en el Perú. Nos hemos hecho famosos. Vienen de los sitios más renombrados de Estados Unidos, Suiza, Suecia, etc. Hay un curso regular y un curso de expertos. Hemos cumplido 10 años y hemos entrenado a unos 380 médicos de 55 países del mundo. Además de investigador hoy eres un líder gestor… Mira, todo comenzó el año 1991, cuando organicè el Congreso Panamericano de Enfermedades Infecciosas, justo cuando apareció el cólera en el Perú. Vinieron unos cuarenta profesores de Estados Unidos y Europa y unos cien profesores de América Latina. Los amigos me dijeron que estábamos generando un liderazgo y nos ganamos el respeto de los colegas. Entonces fui presidente de la Asociación Panamericana de Infectología, lo que permitió visibilidad mundial, para negociar con los norteamericanos y europeos. El año 1993 me invitan para ser miembro del Comité Ejecutivo de la Sociedad Mundial de Enfermedades Infecciosas y en 1996 en Hong Kong me eligen presidente en el periodo 1998 - 2000. Como presidente organicé el Congreso Mundial en Buenos Aires, en abril del 2000. Un tremendo privilegio mundial… El que me antecedió fue un ilustre profesor de Liverpool (Dr. Geddes), me siguió un famoso profesor belga (doctor Jean-Paul Butzler) y luego el vicedecano de Harvard (Dr. Dennis L. Kasper). De modo que, efectivamente, estar junto con los mejores del mundo lo considero un privilegio. Yo recién comenzaba el Gorgas y ya tenía esta visibilidad. Eso te facilitó tus gestiones con instituciones internacionales… Efectivamente, la gente nos reconoce. Por ejemplo, el año 2003, el Instituto de Medicina de Estados Unidos (IOM) me invitó a ser parte del Forum on Microbial Threats. Acá se ve los aspectos éticos, el bioterrorismo, el desarrollo tecnológico, entre otros aspectos. Todo esto me ha permitido traer recursos para el grupo. Por ejemplo, hemos obtenido unos cuatrocientos mil dólares del TDR de la Organización Mundial de la Salud, para ayudar en tuberculosis (métodos de diagnòsticos rápidos, especialmente los mètodos ràpidos), en Lima Norte, con el INS. También Bélgica ha otorgado 40 mil dólares en equipos en el Hospital Cayetano Heredia en el año 2004. ¿En estos proyectos se considera sueldos para los participantes? Efectivamente, más de cuarenta profesionales son pagados por proyectos, que ven la investigación como una opción de vida. Pertenecen a la Universidad como profesores asociados, pero son pagados por proyectos. Lo importante, les digo, es que sean motores de la investigación. Ellos trabajan duro, algunos se van a Bélgica, otros a Estados Unidos, Canadá, etc. Hemos conseguido dos grants, uno de los cuales lo tenemos con el Dr. Joe Vinetz, sobre entrenamiento e investigación en Amazonía. Hay cinco personas haciendo maestrías en Cayetano. Otros hacen maestrías "tipo sandwich", aquí y en Estados Unidos. Tenemos dos haciendo doctorado aquí y en Bélgica. Hay treinta profesionales peruanos, entre maestrías o doctorados, financiados con estos proyectos, con fondos del NIH y del Instituto de Medicina Tropical de Amberes. Ejecutamos proyectos con el Karolinska de Suecia y con la Universidad de Florencia (Italia) en Yurimaguas y Moyabamba sobre el uso racional de antibiòticos y la resistencia. ¿Cómo nacieron estos proyectos? Todo nace por los contactos e intereses comunes. En este caso fue un profesor de Florencia que inició las conversaciones para trabajar en Bolivia y Perú. Ahora tenemos cuatro años trabajando en Yurimaguas sobre la resistencia bacteriana y el uso de antibióticos. No son trabajos enormes, pero que permiten cosas extraordinarias, como por ejemplo que una bióloga vaya al Karolinska, por un año, lo que nunca soñó. Lo que me preocupa es entrenar jóvenes que serán los futuros motores de la ciencia peruana. ¿No hay puestos estables para ellos? Les digo que no es un puesto de trabajo, que están recibiendo educación, un estipendio, de modo que tienen que producir, aprender. En Cayetano, todavía no tenemos puestos para investigador. Hay becas de retorno, uno o dos por año tienen pago por investigador para toda la universidad, luego de un concurso. El impulso viene por los grants. Yo uso buena parte de mi tiempo asesorando y redactando proyectos, buscando fondos; pero ellos son los motores. Tenemos ahora cursos sobre redacción de proyectos, redacción de publicaciones científicas, etc. Con la tecnología de información el trabajo de búsqueda se ha facilitado mucho, sobre todo si habla Inglés. En mis tiempos iba a siete bibliotecas para hacer fotocopias de artículos para leer, ahora todo eso toma dos minutos. ¿Quiénes han sido tus maestros? He tenido suerte de contar con maestros que promovían la investigación; "don Hugo" (Prof. Lumbreras) fue uno de ellos, él falleció el año 85, Raúl León Barúa, Amador Carcelén, y el “Choclo” Monje, por quién guardo un cariño enorme. Él decía: “En Perú, éste es un cuarto oscuro, si alguien prende una velita, no se la apaguen”, añadía “Si en Cayetano hay muchas velitas, que todo el mundo las cuide, nada de poner controles, eso no camina, o es camino a la corrupción, viene gente a controlar, se convierten en expertos sin hacer investigación”. Él fue un gran líder de la investigación. Su muerte fue una gran pérdida, aunque queda su ejemplo, personalidad y calidad humana. Y tus colegas de ahora Siempre hemos tenido con gente con la que da gusto trabajar. Respeto a Humberto Guerra, Ciro Maguiña, Carlos Seas, Patricia García, Hugo García, Juan Echevarría, Frine Samalvides, Francisco Bravoentre otros. Hay veces que ellos toman responsabilidades y tienen liderazgo personal. ¿Qué relación hay entre el Instituto, el Hospital y la Universidad? Acá hay dos instituciones. El Hospital Cayetano Heredia, en el que somos ocho médicos que trabajan en enfermedades infecciosas y tropicales y cuatro dermatólogos; y el Instituto de Medicina Tropical, el que pertenece a la Universidad Cayetano Heredia y tiene miembros de la Facultad de Medicina, Ciencias, Odontología, Salud Pública, Enfermería y ahora vendrá uno de la Facultad de Veterinaria. Todos hacemos investigación. En nuestro caso, los médicos de este departamento del Hospital, todos somos miembros del Instituto de Medicina Tropical. Nueve de nosotros somos profesores, dos de dermatología y seis de medicina y uno de salud pública. Los otros tres son asociados. Esta coexistencia es una de las razones de los avances y reconocimientos del grupo. Tienes entonces dos camisetas… Si, pero somos profesores a sólo veinte horas en la Universidad, porque tenemos un puesto hospitalario. Pero un solo objetivo: la salud y la ciencia del Perú. Alguna anécdota que siempre se acuerde… Hay varias… La primera vez que fui a dar una conferencia a Arequipa, llegué al aeropuerto, había un grupo de gente con terno, pase al lado. Luego llegaron al hotel para buscarme, para decirme que no me habían reconocido en el Aeropuerto, debido a que estaba vestido muy informalmente. Siempre me río de otra anécdota, porque cuando me preguntan ¿Usted es el "famoso" doctor Gotuzzo? Les respondo, no, es mi papá. Otras están relacionadas a como me presentan en congresos internacionales, como argentino, brasilero, chileno, etc., lo que permite hacer bromas en las conferencias, pues me siento más peruano que el pisco de mi tierra. Tu te has formado enteramente en Perú… Cierto, mi pre y post grado lo hice en Cayetano. Por eso me acuerdo que la primera vez que di una conferencia en Estados Unidos la hice en Castellano y Claudio Lanatta -que era residente en la Universidad de Maryland- la tradujo. Yo leía Inglés, pero nunca había hablado, sabía el Inglés del colegio. De modo que la primera vez que di una conferencia en inglés fue patético. Fue un evento en Lisboa. Menos mal que un colega alemán originario de la India, me animó diciéndome que nadie en auditorio sabía tanto como yo sobre el tema de la conferencia (Fiebre tifoidea y Quinolonas). Me ayudó también el hecho que mi antecesor en la conferencia fue un japonés y que yo no podía hablar peor que él. De modo que sentí confianza y salió muy bien. Sigo no hablando bien pero no tengo problemas para las conferencias. Felizmente, mis hijos entienden el mensaje, la nueva generaciòn tiene que hablar 2 lenguajes "Inglés" y "Cómputo". ¿A propósito, cuántos hijos tienes? Tengo una hija de 30 años, Gianina, que es abogada y trabaja en la Católica. Antes la conocían como la hija del doctor Gotuzzo y ahora a mí me conocen como el papá de la doctora Gotuzzo. Eduardo acaba de graduarse en la Pacífico, como administrador de empresas. Él tiene gran empuje y una excelente carrera, trabaja hace 5 años. Mi tercer hijo, Alonso, está estudiando lo mismo en la Pacífico. Son de otra generación, diferente a la mía, trabajando intensamente con focos muy adecuados aunque aún con menos contenido local que mi generación. ¿Tu esposa es de la carrera? No, ella era mi vecina en Ica, la hermana de un amigo. Como siempre iba a ver a mis padres (mi padre ya estaba enfermo). En eso la reencontré, porque yo la conocía de pequeña. Trabajò de secretaria en el Banco Industrial. Estamos juntos desde el 69, cinco años de enamorados y 31 años de casados. Ha sido mi gran apoyo afectivo en mi desarrollo. Tus lecturas… Tengo un gran respeto y soy fanático de García Márquez, pero también leo mucho a los autores peruanos, Mario Vargas Llosa, Bryce, y por supuesto a mi paisano Gregorio Martínez, y la literatura latinoamericana en general me resulta interesante (Isabel Allende, entre otros) tanto como la música latina y folklòrica de nuestro país. ¿Cómo organizas tu vida? Me precio de organizar bien mi vida. Los miércoles salgo con los hijos, los viernes salgo con mi esposa…, conozco todas las peñas y me gusta bailar. Desde estudiante me gustaban las peñas, frecuentaba las del Rímac, especialmente la Peña Inca -ahora ya desaparecida-. En las noches leo bastante tarde y planifico las actividades del día siguiente. ¿Donde vivías entonces? En pensiones, primero en la Av. Arenales, luego en Lima, Av. Guzmán Blanco. Eran generalmente pensiones iqueñas. Luego viví en la casa de uno de mis hermanos, Javier, en Maringa, hasta mi graduación. Cuando me casé vivía en Jesús María, luego un departamento en Miraflores y ahora tengo una casa, por Santa Rita de Casia. Ah!, me acuerdo que un tiempo viví frente al Hospital de Emergencia en Miraflores. Mis estudiantes que trabajaban allí, como médicos, me llamaban en la madrugada con el clásico “doctor hay un casito interesante”, que siempre era un caso difícil. Mi esposa se molestó “cómo es esto que trabajas un montón, y encima en la madrugada te vienen a buscar para trabajar más”. Trancé, por respeto a mis horas de descanso familiar ¿Cómo defines tu generación? Soy de la generación de los sesenta en la universidad, muy idealistas y peleábamos por principios. Por un lado estaban los hippies y por otro el Che Guevara. Soñábamos con un mundo más justo, pero no se concretó a nivel global. Cuando era estudiante fundamos una posta en el Km 21, más allá de Comas, con Estrella Picasso de Guerra García. Ella había estudiado en la Universidad Lovaina, era una mujer muy valiosa. Yo era soñador pero ya hacíamos actividades constructivas. Creo que hay que pelear por "construir" en el Perú y no quedarnos sólo en la crítica. Lima, abril 2006 | |||
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